
Yyy y el Pequeño Recordatorio de Pelusa
En una casita acogedora, vivía un niño llamado Yyy. Yyy era muy amable y siempre sentía una gran curiosidad por el mundo. Su mejor amigo era Pelusa, un pequeño hámster de pelaje suave y blanco como una nube esponjosa. Pelusa vivía en una jaula grande y cómoda, llena de túneles y una ruedita para correr.
Cada mañana, Yyy se despertaba emocionado de ver a Pelusa. Sabía que su hámster necesitaba comida y agua fresca todos los días para estar sano y feliz. A Yyy le encantaba ver a Pelusa llenarse los cachetes con las semillas y luego correr alegremente en su rueda.
Pero a veces, Yyy se distraía. ¡Había tantas cosas divertidas que hacer! Un juguete nuevo, un libro interesante o un juego en el jardín. Entonces, su mamá o papá le decía con una voz suave: "Yyy, ¿has alimentado a Pelusa hoy?" Yyy corría rápidamente a hacerlo, sintiendo un poquito de vergüenza por haber olvidado.
Un día, Yyy estaba construyendo una torre altísima con sus bloques de colores. ¡Era tan divertido verla crecer y crecer! El sol de la tarde entraba por la ventana, pintando su habitación de un cálido color naranja. Yyy estaba tan concentrado que no se dio cuenta de que la hora de alimentar a Pelusa se acercaba.
De pronto, escuchó la voz de su mamá: "Yyy, cariño, ¿recuerdas algo importante que Pelusa necesita?" Yyy suspiró un poco. Otra vez había olvidado. Miró a Pelusa, que asomaba su naricita de su madriguera. Yyy pensó: "Quiero recordar solito. ¿Cómo puedo hacer para que no se me olvide nunca más?" Su curiosidad se encendió.
Al día siguiente, Yyy se despertó decidido. Después de desayunar, se fue a jugar, pero esta vez, algo era diferente. Mientras jugaba con sus carritos, escuchó un suave rasguño. Era el sonido de Pelusa rascando su jaula, como si le dijera "¡tengo hambre!". Yyy casi olvida otra vez, pero ese pequeño sonido lo hizo pensar.
¡Un momento! Ese sonido, ese era el recordatorio. Yyy sonrió. "¡Claro!", pensó. "Pelusa siempre me lo recuerda a su manera". Rápidamente, dejó los carritos y fue a buscar las semillas. Abrió el pequeño recipiente y llenó el cuenco de Pelusa con cuidado, asegurándose de que también tuviera agua fresca.
Yyy observó cómo Pelusa salía de su madriguera y se acercaba rápidamente a su comida. Sus pequeñas patitas corrían con emoción. Yyy sintió una enorme alegría en su corazón. ¡Lo había recordado solito! ¡Sin que nadie se lo dijera!
Pelusa se llenó los cachetes de comida, mirando a Yyy con sus ojitos brillantes. Parecía más feliz que nunca. Yyy se sintió muy bien. Su mamá se acercó y vio el cuenco lleno. "¡Qué bien, Yyy! ¡Veo que Pelusa ya comió!" Yyy sonrió, sintiendo la calidez del abrazo de su mamá.
Desde ese día, Yyy no olvidó ni una sola vez. Cada vez que escuchaba un pequeño sonido de Pelusa o simplemente veía su jaula, recordaba su responsabilidad. Era un pequeño recordatorio que venía de su propio corazón, y de la dulzura de su hámster.
Yyy aprendió que cuidar de alguien es un trabajo importante, pero también es una forma de mostrar mucho amor. Y cada vez que alimentaba a Pelusa, no solo le daba comida, sino que también fortalecía el vínculo especial que compartían. Yyy y Pelusa eran los mejores amigos, siempre, siempre juntos.