
Flora y el Secreto de las Sombras
Había una vez una niña de diez años llamada Flora que vivía en un castillo de piedra muy antiguo. Durante el día, Flora corría por los largos pasillos y jugaba en los jardines llenos de flores, pero cuando el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, el castillo se volvía un lugar muy diferente para ella.
Una noche, mientras Flora se acurrucaba bajo sus mantas de lana, las sombras comenzaron a alargarse por las paredes. En un rincón oscuro, vio una figura extraña con brazos largos y dedos retorcidos que parecía observarla. El corazón de Flora comenzó a latir con fuerza y el silencio del castillo se llenó de sonidos misteriosos que la asustaban.
De repente, Flora recordó que la valentía no es no tener miedo, sino enfrentarlo. Con paso firme, se levantó de la cama, tomó su pequeña linterna de latón y caminó directo hacia la figura oscura. Al encender la luz, descubrió con asombro que el monstruo era solo su abrigo colgado y una bufanda que se movía con la brisa de la ventana.
Flora suspiró aliviada y soltó una pequeña risita al ver que nada había cambiado en su habitación. Comprendió que la oscuridad no crea monstruos, sino que es simplemente la ausencia de luz, como una manta oscura que invita a descansar. Las sombras eran solo sus propios juguetes y ropa descansando igual que ella.
Finalmente, Flora regresó a su cama y cerró los ojos con total tranquilidad. El gran castillo se sentía ahora como un refugio seguro y acogedor. Se quedó profundamente dormida, sabiendo que la oscuridad es solo el momento en que el mundo descansa para despertar con más brillo al día siguiente.